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Fuente: ENGORMIX

www.engormix.com

Fecha: 22 de Agosto de 2023

Autor: Carolina Hansen

El desequilibrio de la flora bacteriana normal en pollos de engorde se llama disbacteriosis, un término utilizado para denominar una condición mórbida, caracterizada por el encuentro de heces más húmedas y / o con alimentos no digeridos, causando o aumento de la humedad de la cama, reducción de la ganancia de peso y aumento de la conversión alimenticia (ITO et al., 2000). Existe evidencia de que la disbacteriosis está relacionada con la aparición de un desequilibrio en la flora bacteriana intestinal y un ejemplo típico es la migración y proliferación de clostridios patógenos de un sitio a otro.

Los principales factores conocidos que afectan la composición de la microbiota en el tracto gastrointestinal son: temperatura, pH, concentración de oxígeno, ácidos biliares, renovación celular, urea, mucina, dieta, células fagocíticas, potencial de oxidación y reducción, fármacos y antibióticos (SAVAGE, 2001), toxinas, anticuerpos y la presencia de otras bacterias.

La comprensión de la microbiota también permite el control sobre los cambios de la microbiota intestinal, la adecuación del manejo e incluir de manera racional aditivos que pueden alterar y regular la ecología microbiana, con el fin de mejorar el rendimiento zootécnico y reducir algunos efectos del estrés o los daños de las enfermedades, además de dilucidar los mecanismos de infecciones y la resistencia de los microorganismos a los antibióticos que mejoran el rendimiento (SANTOS et al.,  2012).

Integridad intestinal de las aves:

El tracto gastrointestinal (TGI) es responsable de las funciones básicas de digestión y absorción y otros mecanismos fisiológicos del animal, y es esencial para mantener su salud y funcionalidad. (AMIT-ROMACH et al., 2004). La salud gastrointestinal de los pollos de engorde puede entenderse como un equilibrio dinámico en el sistema digestivo y está íntimamente ligada al rendimiento del animal durante todas las etapas de la creación. El animal que pasa por todas las etapas con menor afectación de su salud gastrointestinal tiene mayores posibilidades de presentar todo su potencial productivo (ITO et al., 2004).

La microbiota intestinal tiene mecanismos metabólicamente activos, sujetos a variaciones en la composición y el número de especies presentes. Las numerosas especies de bacterias forman un sistema complejo y dinámico. Los que colonizan el tracto intestinal en sus inicios, tienden a persistir durante toda la vida del ave, comenzando a componer la microbiota intestinal. La formación de esta microbiota se produce inmediatamente después del nacimiento de las aves y aumenta durante las primeras semanas de vida, hasta convertirse en una población predominantemente de bacterias anaeróbicas (SAAVEDRA et al., 2002).

La composición de la microbiota bacteriana se ve afectada por las bacterias presentes en el intestino y los microorganismos naturales en el medio ambiente (YIN et al., 2010). La flora normal del tracto gastrointestinal contiene aproximadamente 1011 unidades formadoras de colonias por gramo de contenido (UFC /g). En términos generales, las bacterias se encuentran adheridas al moco secretado por las células caliciformes de la mucosa intestinal o las fibras que se encuentran en la dieta. La composición y la cantidad microbiana varían según la edad del ave y la región del tracto gastrointestinal. Los pollitos recién nacidos sanos tienen un tracto gastrointestinal estéril, pero inmediatamente durante la eclosión y después del nacimiento, las bacterias exógenas ingresan rápidamente al ave y se asientan en el intestino. Antes de recibir alimento y agua, la flora cecal de los polluelos consiste en: coliformes, Streptococcus sp. del grupo D y bajo número de clostridios (ITO et al., 2004).

A las 24 horas de vida, Lactobacillus sp se observan en pequeñas cantidades, pero a los 3 días de edad, se convierten en las bacterias predominantes de la flora cecal, junto con Clostridium sp, coliformes y estreptococos fecales. A partir del cuarto día de vida y en las siguientes 5 a 6 semanas de vida, se produce un aumento en la cantidad de bacterias anaeróbicas.

El desarrollo del tracto digestivo de los pollitos comienza durante el período embrionario, garantizando a los recién nacidos una buena capacidad digestiva y de absorción desde los primeros días de vida. Los principales cambios morfológicos durante este desarrollo son el aumento de la longitud del intestino, la altura y la densidad de las vellosidades, proporcionando un aumento exponencial en el número de células adecuadas para la digestión y absorción de nutrientes, y la protección de la mucosa. En el duodeno, el aumento en la altura de las vellosidades ocurre hasta el 6º día de edad y en el yeyuno y el íleon hasta el día 14, cuando se alcanza la madurez del sistema digestivo en su conjunto. Tal es la funcionalidad de este sistema, que depende de un «recambio» constante y equilibrado entre los procesos de renovación celular (proliferación y diferenciación) y pérdida de células (extrusión), para mantener la máxima capacidad absorbente y digestiva. Cualquier proceso que altere el equilibrio perfecto de este «recambio» conducirá a cambios en la altura y / o densidad de las vellosidades, la profundidad de la cripta y la integridad de la mucosa intestinal, interfiriendo directamente con la capacidad del animal para aprovechar los nutrientes de la dieta. (MAIORKA et al., 2002).

El equilibrio de la microbiota puede verse afectado por varios factores, tanto endógenos como exógenos. Las malas condiciones higiénicas y sanitarias de la cría, estrés, alimentación inadecuada, intoxicaciones y enfermedades concomitantes, pueden desencadenar el aumento de la proliferación bacteriana que puede competir por los nutrientes del propio ave. También pueden determinar procesos inflamatorios, lo que conduce al engrosamiento de la pared intestinal, lo que reducirá la absorción, aumentará la excreción de metabolitos y toxinas que desencadenan enteritis y aumentará el tiempo de tránsito. Además, puede aumentar la renovación de las células epiteliales y permitir la translocación bacteriana y la endotoxina a otros órganos, lo que lleva a la septicemia (ITO et al., 2007).

Papel de la flora bacteriana

La microbiota intestinal está compuesta por un 90% de bacterias facultativas (aeróbicas o anaeróbicas), productoras de ácido láctico (Lactobacillus spp., Bifidobacterium spp.) y exclusivamente anaerobias como Bacterioides spp., Fusobacterium spp. y Eubacterium spp. (LODDI, 2001).

Algunas funciones beneficiosas de la microbiota son estimular la producción de mucina, que ayuda a inhibir la translocación bacteriana (MATTAR et al., 2002). También las bacterias comensales pueden modular la expresión de genes implicados en funciones como la absorción, el fortalecimiento de la barrera mucosa, el metabolismo y la maduración celular. Y también pueden contribuir a los mecanismos de defensa del sistema inmune (ZOCCO et al., 2007) Además, la microbiota beneficiosa ejerce la función de «exclusión competitiva», que son las acciones ejercidas por los microorganismos comensales del tracto gastrointestinal para prevenir la colonización por patógenos invasores, entre estas acciones se encuentran: la ocupación de los puntos de unión de la superficie de la mucosa intestinal, competencia por nutrientes y liberación de bacteriocinas (LAN et al., 2005).

Cuando la flora intestinal está equilibrada, ya sea en términos de tipos bacterianos o en cantidad y distribución en el tracto gastroentérico, se puede observar un efecto simbiótico con un efecto positivo en el rendimiento zootécnico. Se sabe que en las aves, la acción beneficiosa de la flora bacteriana está relacionada principalmente con el metabolismo de los carbohidratos, intensificando la digestión del almidón; metabolismo proteico -recuperando nitrógeno endógeno; metabolismo de lípidos y minerales y la síntesis de vitaminas (B, B9, K y E), reducción de gases y mejor digestión y absorción de nutrientes.

Desequilibrio de la flora bacteriana: DISBACTERIOSIS

Solo el 10% de la microbiota intestinal está compuesta por bacterias identificadas como dañinas para el huésped, entre ellas se encuentran Escherichia coli, Clostridium spp., Salmonella spp. y Campylobacter sp. (LOODI, 2001). Las infecciones entéricas pueden ser causadas por bacterias, virus, protozoos y hongos productores de micotoxinas, incluyendo la evolución de una infección entérica a una infección sistémica. (TAMEHIRO et al., 2009). Estas infecciones se producen debido al desequilibrio de la microbiota intestinal beneficiosa, que favorece el desarrollo de bacterias dañinas, causando daños a la salud intestinal y al ave en general (MAIORKA, 2004).

La flora bacteriana gastroentérica consiste principalmente y predominantemente en bacterias Gram positivas microaerofílicas o anaeróbicas. Se sabe que los pollos de engorde incubados en una planta de incubación, ya 3 horas después de la eclosión, presentan el ciego colonizado con bacterias anaeróbicas, a una concentración de 4,6 x 10² UFC/g de contenido intestinal (KARPINSCA et al., 2001). La cantidad de bacterias aumenta gradualmente y, en el período de 60 horas después de la eclosión, prácticamente tiene 4.2 x 106 UFC / g de contenido, es decir, 10 mil veces más bacterias que en el momento posterior al nacimiento. Por lo tanto, el desequilibrio de la flora bacteriana se refiere al cambio en la microbiota predominante.

Como consecuencia de este desequilibrio de la flora bacteriana normal, predominan los efectos nocivos de la flora bacteriana; reducción de los efectos positivos sobre el ciego y, en segundo lugar, el favorecimiento de bacterias gran negativas debido a la ruptura de la exclusión competitiva.

El desequilibrio de la flora bacteriana normal en pollos de engorde se llama disbacteriosis, un término utilizado para denominar una condición mórbida, caracterizada por el encuentro de heces más húmedas y / o con alimentos no digeridos, causando o aumento de la humedad de la cama, reducción de la ganancia de peso y aumento de la conversión alimenticia (ITO et al., 2000). Existe evidencia de que la disbacteriosis está relacionada con la aparición de un desequilibrio en la flora bacteriana intestinal y un ejemplo típico es la migración y proliferación de clostridios patógenos de un sitio a otro.

En casos sospechosos de disbacteriosis, se ha demostrado mediante evidencia analítica semicuantitativa que, en el duodeno, hay un aumento en la cantidad de bacterias o un cambio en la composición de la flora bacteriana que no incluye la presencia de Clostridium perfinges (PANNEMAN, 2000).

Un cuadro de disbacteriosis se refiere al cambio de tipos bacterianos de la flora intestinal, con multiplicación desordenada y explosiva de bacterias no comúnmente vistas en el duodeno, causando una enteritis sensible al tratamiento con antibióticos con espectro de acción para bacterias Gram positivas.

Los cambios en la dieta y el manejo de los animales causan cambios drásticos en la microbiota intestinal de las aves, lo que en consecuencia conduce a cambios en la capacidad del animal para digerir y absorber nutrientes. (APAJALAHTI et al., 2004). Comprender y monitorear la dinámica microbiana intestinal es importante para el desarrollo de métodos alternativos para modular las comunidades microbianas en situaciones debilitantes de estrés y enfermedad, como durante una infección causada por coccidiosis en aves. (OVIEDO-RONDÓN, 2009).

Los principales factores conocidos que afectan la composición de la microbiota en el tracto gastrointestinal son: temperatura, pH, concentración de oxígeno, ácidos biliares, renovación celular, urea, mucina, dieta, células fagocíticas, potencial de oxidación y reducción, medicamentos y antibióticos (SAVAGE, 2001), toxinas, anticuerpos y la presencia de otras bacterias.

La comprensión de la microbiota también permite el control sobre los cambios de la microbiota intestinal, la adecuación del manejo e incluir de manera racional aditivos que pueden alterar y regular la ecología microbiana, con el fin de mejorar el rendimiento zootécnico y reducir algunos efectos del estrés o los daños de las enfermedades, además de dilucidar los mecanismos de infecciones y la resistencia de los microorganismos a antibióticos que mejoran el rendimiento. (SANTOS et al., 2012).